¿Que es esto que siento? ¿Por qué cada vez que escucho tu nombre, veo tu cara o me hablan de ti mis piernas tiemblan, mi estomago se da la vuelta y siento la necesidad de salir corriendo? ¿Por qué no puedo simplemente olvidar tus gestos, tu risa, tu olor, tus ganas de vivir? ¿Por qué siento que mi vida acaba cada vez que se de ti?
Me gustaría desaparecer de la faz de la tierra. Dejar de existir. Dejar de sentir. Sí, dejar de sentir esa opresión en el pecho. Dejar de sentir que mi vida se acabó. Dejar de sentir que estoy solo. Dejar de sentir que estoy podrido por dentro. Que estoy vacío. Roto.
Pero no puedo. Es algo que me acompañará el resto de mis días. Será un monstruo que me perseguirá en mis sueños. La peor de las pesadillas. Aquello que hará que mis logros y triunfos sepan amargos. Cada vez que sienta que soy feliz, no lo seré. No lo seré porque sentiré ese dolor. Ese terrible y temible dolor. Aquí, en el corazón.
Pero no todo es malo. Recuerdo solo momentos felices. Eso es lo más triste, que lo que provoca mi llanto no es otra cosa que el hecho de recordar momentos felices . Momentos en los que fui pleno. En los que no necesité nada más para ser feliz que tenerte a mi lado.
Ya es tarde para todo, lo se. No es mi intención volver a aquellos momentos llenos de júbilo, ya que es imposible. El tren no da marcha atrás por nada ni por nadie. Solo recuerdo momentos mejores, días felices. Lo hago desde la soledad y la tristeza de un cuarto donde no da el sol. Aún así, abatido, hundido y en la tristeza más absoluta guardaré esos momentos en lo más hondo de mi corazón. Como el tesoro de un dragón será imposible arrancarlos de mi a menos que ya esté muerto.
Nunca olvidaré la última noche juntos.

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