lunes, 20 de octubre de 2008

Más allá de las tinieblas

Yo era una criatura que vivió siempre en la luz más intensa. El calor, la luz y la gente eran mi compañía. Mi guía. Hasta que un fatídico día, caí en la más profunda oscuridad y negrura. Las tinieblas más absolutas envolvieron mi alma y el Sol dejó de brillar en mi pequeña porción de paraíso terrenal.


Abandonado por todos, dejé de sentir el calor. La intensa luz que siempre me había acunado hasta hacerme sentir la placidez más extrema ahora me hacía daño. Tal era el dolor que sentía por la perdida que busqué una salida. Me arrastré como pude, exhausto y descorazonado, hacia las sombras. Repté por las inmundicias de un mundo de dolor y muerte. Supliqué porque el dolor se apagara al igual que lo hacía la luz a mi alrededor conforme avanzaba por las lúgubres entrañas de la oscuridad más absoluta.


Mas no encontré paz allí donde la buscaba. Al contrario solo encontré desesperación, desidia y la tortura eterna del que siente que está solo entre un millón de personas. Las conversaciones eran vacías y carentes del más mínimo significado. La gente no era más que reflejos de lo que podrían haber llegado a ser. Conformistas y gente sin ningún tipo de personalidad eran mi única compañía y un dolor cada vez más lacerante anidaba en mi corazón.


De repente, en medio de aquel lugar del color de la obsidiana más pura, apareció un ser que brillaba gracias a su luz interior. Aquel ser no sentía frío, ya que irradiaba su propio calor y era capaz incluso de dar calor a los demás. No necesitaba personas que estuvieran a su alrededor porque ya llevaba a su gente dentro, en el corazón. Cambió mi concepción del mundo. Me hizo ver que si quería recuperar todo lo perdido no podía permanecer llorando en la oscuridad. No podía revolcarme en mi autocompasión y esperar que alguien se arrastrara hasta aquel sombrío rincón del Aberno para sacarme a rastras. Estás solo.


Me enseñó mucho. Me enseñó a buscar luz propia en mi interior. A crearla cuando esta se apagara. A no volver a buscar refugio en la oscuridad. A no tener que depender de nadie. En definitiva a ser libre de mi propio yugo. A buscar la calidez en el fondo de mi corazón, de mis pensamientos, de mis actos cotidianos para con los que nos rodean.


Libertad, bonita palabra. Yo me creía un ser libre pero no era así. Quien se cree libre a veces es prisionero de su propia libertad. Soy un prisionero, un esclavo de un ansia de libertad que me había llevado a sumirme en un pozo de negrura. El ser se fue. No sin antes hacerme un regalo que le pasó inadvertido, una chispa de esperanza que atesoré en el fondo de mi corazón. A día de hoy sigo solo en la penumbra. Sigo cansado, abatido y arrastrándome por la hedionda fetidez del infierno en vida.


No sufráis por mí. Aún atesoro dicha chispa. Una chispa que día a día se hace llama y poco a poco calienta mi maltrecha alma. Espero que algún día y guiado por el fuego de mi corazón sea capaz de volver a ver que hay más allá de las tinieblas.

No hay comentarios: