domingo, 14 de diciembre de 2008

Hurt

Anoche me hice daño yo solo...

No lo hice intencionadamente. Mi corazón se partió en dos... por las lastimeras costuras que lo recomponían. Lo que me recordó algo... Aún soy capaz de sentir. Lo que yo creia que había sido un agradable paseo hasta perder mi alma no fue tal. Cuando quise darme cuenta estaba de nuevo en un jodido valle. Una estupida pradera llena de estupidas mariposas que me desgarraban el torso para salir.

Fue una sensación desagradable. Pero revitalizante. He de salir de aquí. De este vagar que llamo vida. De este sucedaneo de existencia que me tiene alejado de la gente.

Soy un alma que vaga entre gente. Nada que tener en cuenta. Un compañero inseparable cuya existencia es prescindible en cualquier momento.

Me voy para no volver. Mis sueños, mis esperanzas, mis anhelos más secretos... Todo será polvo que se acumula en este camino que tiene como destino la muerte.

Me vendrá bien desaparecer... y creo que para todo el mundo será mejor.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Liberando el alma

Salí de la ciénaga. Crucé valles. Subí colinas. Bajé montañas. Y ahora me encuentro en una encrucijada. A mi derecha se encuentra una pradera de hermosos pastos, arboles frutales y pajarillos cantores. A la izquierda un páramo escarpado e inhóspito, seco y baldío.



A primera vista puede parecer una elección de lo más sencilla. Nada más lejos de la realidad. Si tomo la bifurcación de la derecha en ella hayaré paz, cariño, respeto, aprecio e incluso amor. Mas cuidado pues en el interior de esa pradera hay un sendero. Ese sendero lleva directamente de nuevo a mi ciénaga. Es una posibilidad real que si sigo ese camino acabé de nuevo donde mis propios pasos me llevaron una vez.



Sin embargo, el camino de la izquierda aunque aporta poca belleza a la vida y es más escarpado y duro asciende hacia las montañas y las atraviesa dejando inaccesible la ciénaga y todo lo que tenga que ver con ella. No más dolor. No más decepciones. No más sufrir por otras personas. Un lugar ideal y mágico para vivir. Ser autosuficiente. No necesitar de los demás para tener una vida plena. El precio, nada más que mi alma y esa parte de mi ser capaz de sentir piedad y amor por los demás. Pequeño precio a pagar por la felicidad más absoluta de no necesitar la aprobación de los demás.



Aquí me encuentro parado estos días. Decidiendo si entregar mi alma por un poco de felicidad en la vida. Ya he decidido. Esa elección ya estaba hecha. Solo me limito a llevarla a cabo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Atravesando el valle

He dejado atrás mi infecta ciénaga tras largo tiempo luchando por salir de sus sucias aguas. Lo que veo ante mí es un sol radiante. Un cielo de un color tan bello que mis lágrimas se derraman al contemplar tanta belleza.


Unas praderas verdes como las esmeraldas y cubiertas de flores. Una manifestación de la primavera más radiante se abre frente a mí. Veo pájaros en el cielo. Pero no son los apestosos cuervos o buitres que poblaban mi apestoso cenagal en busca de su festín carroñero de putrefactas piezas muertas. Son pájaros que entonan bellas melodías mientras vuelan por el cielo en círculos.


Siento miedo. Un solo paso me alejará de mi lúgubre pantano. De mi hogar. Donde me sentía seguro. Donde nada me hacía daño. Donde reflexionaba sobre mis vivencias pasadas. Un lugar donde no era vulnerable. Donde la soledad, mi única compañía, me arropaba y me mecía en las noches frías. Donde me hice fuerte en la debilidad. Donde de alguna forma perversa y morbosa era feliz, chapoteando en el lodo de mis propios miedos y complejos. Me adentraré en un lugar donde me siento vulnerable e indefenso.


Me digo a mi mismo que no. Que tengo que salir de ese pozo de negrura. De ese lugar que me absorbe la esencia y el espíritu. El lugar que me convierte en un ser cínico que se regodea en su propia crapulencia. Que me lleva a dejar mi corazón abandonado en manos equivocadas.


Cierro los ojos con fuerza. Me doy ánimos a mi mismo. Levanto mi pie derecho y doy una zancada. Luego otra. La tentación de volver es cada vez mayor. Así que comienzo a correr. La vista puesta en el horizonte. La ciénaga a mi espalda y la esfera solar colgada en el horizonte. Mi destino final incierto. Solo hay una dirección y es la que he tomado. Espero dejar pronto atrás el valle y llegar a mi nuevo hogar.

viernes, 31 de octubre de 2008

Regalo

El pequeño Santi llevaba en camino un par de semanas. Había cogido un avión en Alicante que lo llevaría hasta Estocolmo. Aún hoy me pregunto como es posible que un niño solo burlara los controles del aeropuerto y embarcara con destino a otro país sin que nadie se percatara. Al llegar a Estocolmo, se había enfundado su chaqueta de color Naranja butano y había empezado a deambular por el aeropuerto para encontrar un autobús que lo llevara a la ciudad. Había comprado su billete y se había sentado en la parte de atrás para que nadie lo molestara.


Tenía tan solo 7 años pero la vida lo había llevado a madurar deprisa. Sus padres y seres queridos habían muerto en un accidente cuando él era un bebe y llevaba en el hospicio desde los 3 años.


Al llegar a la ciudad se encontró un poco perdido pero esto no le hizo amilanarse. Alquiló una bicicleta y reemprendió camino aterido por el frío de las latitudes nórdicas donde se encontraba. Cualquier adulto habría dado la vuelta mucho antes pero él no se rindió. Dejó atrás ciudades y bosques y se internó en la zona Polar. Cuando no pudo más con su bicicleta se bajó y comenzó a andar por el hielo. Transcurrieron un par de semanas hasta que llegó a su destino... el Polo Norte.


Una persona normal, habría muerto aterida de frío y por el acuciante hambre pero eso no iba con Santi. Tenía una voluntad de hierro y una determinación: llegar hasta allí a cualquier precio. Y lo había hecho. Se encontraba junto a un poste metálico rojo y blanco. Veía una casa pequeña y cubierta de nieve, un cobertizo y una cerca para animales. Estaba exhausto y apenas podía caminar. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas consiguió llegar hasta la puerta y llamar. Después se desplomó en el glaciar suelo y perdió el conocimiento.


Al despertar estaba en una cama y con un hombre gordo y barbudo a su lado. La habitación rezumaba calor y las sabanas de pelito y las 3 mantas hacían lo propio. Sentía calidez por primera vez desde hacía años. El viejo lo miraba espectante. Al final le habló:

- Has tenido suerte, casi mueres de hipotermia.- dijo el viejo.

- Lo se. Pero tenía que venir a verte.- Repuso Santi.

-Podías haber escrito una carta, como hacen todos los niños.

-Es que yo no quería pedirte nada.

- Entonces, ¿Para que has venido?- Preguntó el anciano barbudo sorprendido.

- He venido a traerte una cosa. - dijo alargando la mano hacia su mochila que yacía junto a él en el suelo de la estancia.


El anciano se la entregó con una curiosidad que lo sorprendió hasta a él mismo. El niño, sacó de su interior una bolsa de plástico que contenía un paquetito primorosamente envuelto en trozos de papel de regalo usados. Resultaba bella la composición llevada a cabo con retales arrugados y rotos de papel de regalo. Un colage de innumerables trozos de papel de colores sujetos con cinta adhesiva y que hacían aquella composición única.

- Esto es para tí.- dijo el niño.

- ¿Qué es?

- Es un regalo para tí.- repuso el niño.


El anciano visiblemente emocionado y con los ojos húmedos por la emoción, deshizo el paquete lo más suavemente que pudo para no perder aquella obra de arte realizada con esfuerzo por aquel niño. Cuando lo hubo abierto encontró en su interior una bufanda y unos guantes, ambos de color azul. Con las lágrimas recorriendo sus mejillas el viejo solo acertó a decir:

- Gracias.

martes, 28 de octubre de 2008

Recuerdos Revividos

Me encontraba en aquel bar, sentado con aquel hombre que podría ser mi abuelo. Yo bebía un Aquarius de Naranja mientras que él bebía con avidez una cerveza. No tenía ni idea de lo que aquella cara surcada por las marcas de la edad había vivido pero estaba apunto de descubrirlo.



- Fue hacia finales de 2009 cuando las cosas empezaron a ir mal entre nosotros. Malas caras, peleas,... Fue todo muy extraño. Finalmente, en Febrero de 2010 decidimos dejarlo y tirar cada uno por nuestro lado. No fue hasta varios años después que comprendí el porque de aquellas peleas y el porque de que lo nuestro finalizara. - dijo el viejo.

- ¿Porqué me cuentas esto ahora? - Pregunté con un timbre en la voz que denotaba angustia.

- Quiero que lo sepas, que seas consciente de lo que puede suceder en una pareja ahora que eres joven y que tienes toda la vida por delante. - dijo con serenidad el anciano – Pasé una racha mala. Muy mala. Caí en el alcohol, las drogas, el mutismo y la hermeticidad. Salia con gente pero estaba solo. Tardé unos meses en reaccionar, en ser consciente de a donde me llevaría todo eso. No voy a mentirte, no fue fácil. Finalmente, logré superarlo. Y conocí a otra mujer. La mejor que haya existido y existirá. Y logré ser feliz. Por primera vez en mucho tiempo, volví a ser feliz.

Hizo una pausa para beber un poco más de la cerveza y prosiguió.

- La tristeza desapareció. Volví a pasear y a sentir alegría por vivir. Fue maravilloso. Me sentí querido de nuevo. Vivimos juntos, tuvimos hijos, ... Una vida soñada.

- Sigo sin comprender porque me lo cuentas. - dije ávido de respuestas.

- Para que procures torturarte lo menos posible, cuando te suceda todo esto. Yo ya lo he vivido y me gustaría que tú no lo sufrieras de forma tan aguda. - se llevó el vaso a la boca y dió un último sorbo. Y se puso en pie.

- Pero ahora que se lo que me depara el futuro ¿no puedo hacer nada para cambiarlo?

- No, no se pueden cambiar los acontecimientos. Todo sucederá tal y como te he explicado. - Repuso con aire solemne. - Aunque podrías fingir al menos que te sorprende. - terminó con una sonrisa en los labios.

Se la devolví más como cortesía que porque me hiciera gracia. Puso unos cuantos euros sobre la mesa y se encaminó a la puerta.

- Nos vemos dentro de 45 años.- Dijo cruzando el umbral y desapareciendo de mi vista. ¿Sería realmente “yo” ese viejo loco dentro de 45 años?

lunes, 27 de octubre de 2008

Extraño Compañero

Tiempo. Una palabra que nos acompaña allí donde vamos. Nos hace correr o disfrutar de los momentos. Compañero extraño, relativo y esquivo cuando quiere.


Es capaz de hacer que los momentos sean efímeros. Fugaces. Que es capaz de hacer de ciertos momentos una vida. Una mirada, un roce, una caricia, una tímida sonrisa... todos ellos pequeñas fracciones de eso que denominamos tiempo. Pequeños detalles capaces de hacernos vibrar y sentirnos queridos, amados. Pequeñas porciones de un todo que debemos atesorar y que hacen de nosotros lo que somos.


Instantes de júbilo capaces de hacernos sentir queridos cuando la tristeza llama a nuestra puerta. Diminutas motas que pueden durar siglos o incluso eones en la compañía adecuada. Un extraño que nos acompaña en la noche y el día. Un compañero de juegos inexorable y esquivo a la vez. Pues cuando queremos alargar determinados momentos nos abandona y cuando queremos hacer que corra más se detiene bajo un árbol a descansar.


Extraño compañero. Sutil y a la vez tosco que nos recuerda de vez en cuando que nuestro destino no se detiene. Que el amor puede ser fugaz, breve, instantáneo y que un dolor puede ser para siempre. Extraño compañero que nos acompaña en nuestro sendero... levántate conmigo y sigamos caminado en pos de lo que hemos venido a buscar.

viernes, 24 de octubre de 2008

Dolor en el corazón

¿Que es esto que siento? ¿Por qué cada vez que escucho tu nombre, veo tu cara o me hablan de ti mis piernas tiemblan, mi estomago se da la vuelta y siento la necesidad de salir corriendo? ¿Por qué no puedo simplemente olvidar tus gestos, tu risa, tu olor, tus ganas de vivir? ¿Por qué siento que mi vida acaba cada vez que se de ti?



Me gustaría desaparecer de la faz de la tierra. Dejar de existir. Dejar de sentir. Sí, dejar de sentir esa opresión en el pecho. Dejar de sentir que mi vida se acabó. Dejar de sentir que estoy solo. Dejar de sentir que estoy podrido por dentro. Que estoy vacío. Roto.



Pero no puedo. Es algo que me acompañará el resto de mis días. Será un monstruo que me perseguirá en mis sueños. La peor de las pesadillas. Aquello que hará que mis logros y triunfos sepan amargos. Cada vez que sienta que soy feliz, no lo seré. No lo seré porque sentiré ese dolor. Ese terrible y temible dolor. Aquí, en el corazón.



Pero no todo es malo. Recuerdo solo momentos felices. Eso es lo más triste, que lo que provoca mi llanto no es otra cosa que el hecho de recordar momentos felices . Momentos en los que fui pleno. En los que no necesité nada más para ser feliz que tenerte a mi lado.



Ya es tarde para todo, lo se. No es mi intención volver a aquellos momentos llenos de júbilo, ya que es imposible. El tren no da marcha atrás por nada ni por nadie. Solo recuerdo momentos mejores, días felices. Lo hago desde la soledad y la tristeza de un cuarto donde no da el sol. Aún así, abatido, hundido y en la tristeza más absoluta guardaré esos momentos en lo más hondo de mi corazón. Como el tesoro de un dragón será imposible arrancarlos de mi a menos que ya esté muerto.



Nunca olvidaré la última noche juntos.

lunes, 20 de octubre de 2008

Más allá de las tinieblas

Yo era una criatura que vivió siempre en la luz más intensa. El calor, la luz y la gente eran mi compañía. Mi guía. Hasta que un fatídico día, caí en la más profunda oscuridad y negrura. Las tinieblas más absolutas envolvieron mi alma y el Sol dejó de brillar en mi pequeña porción de paraíso terrenal.


Abandonado por todos, dejé de sentir el calor. La intensa luz que siempre me había acunado hasta hacerme sentir la placidez más extrema ahora me hacía daño. Tal era el dolor que sentía por la perdida que busqué una salida. Me arrastré como pude, exhausto y descorazonado, hacia las sombras. Repté por las inmundicias de un mundo de dolor y muerte. Supliqué porque el dolor se apagara al igual que lo hacía la luz a mi alrededor conforme avanzaba por las lúgubres entrañas de la oscuridad más absoluta.


Mas no encontré paz allí donde la buscaba. Al contrario solo encontré desesperación, desidia y la tortura eterna del que siente que está solo entre un millón de personas. Las conversaciones eran vacías y carentes del más mínimo significado. La gente no era más que reflejos de lo que podrían haber llegado a ser. Conformistas y gente sin ningún tipo de personalidad eran mi única compañía y un dolor cada vez más lacerante anidaba en mi corazón.


De repente, en medio de aquel lugar del color de la obsidiana más pura, apareció un ser que brillaba gracias a su luz interior. Aquel ser no sentía frío, ya que irradiaba su propio calor y era capaz incluso de dar calor a los demás. No necesitaba personas que estuvieran a su alrededor porque ya llevaba a su gente dentro, en el corazón. Cambió mi concepción del mundo. Me hizo ver que si quería recuperar todo lo perdido no podía permanecer llorando en la oscuridad. No podía revolcarme en mi autocompasión y esperar que alguien se arrastrara hasta aquel sombrío rincón del Aberno para sacarme a rastras. Estás solo.


Me enseñó mucho. Me enseñó a buscar luz propia en mi interior. A crearla cuando esta se apagara. A no volver a buscar refugio en la oscuridad. A no tener que depender de nadie. En definitiva a ser libre de mi propio yugo. A buscar la calidez en el fondo de mi corazón, de mis pensamientos, de mis actos cotidianos para con los que nos rodean.


Libertad, bonita palabra. Yo me creía un ser libre pero no era así. Quien se cree libre a veces es prisionero de su propia libertad. Soy un prisionero, un esclavo de un ansia de libertad que me había llevado a sumirme en un pozo de negrura. El ser se fue. No sin antes hacerme un regalo que le pasó inadvertido, una chispa de esperanza que atesoré en el fondo de mi corazón. A día de hoy sigo solo en la penumbra. Sigo cansado, abatido y arrastrándome por la hedionda fetidez del infierno en vida.


No sufráis por mí. Aún atesoro dicha chispa. Una chispa que día a día se hace llama y poco a poco calienta mi maltrecha alma. Espero que algún día y guiado por el fuego de mi corazón sea capaz de volver a ver que hay más allá de las tinieblas.